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22 de junio de 2014

Con H de heces

Me apetece dar la tabarra un rato. Por ello voy a deleitaros con mis palabras a base de mierda pastosa y pincel.

Una cara así es la que se te queda...
Es una noche más de tantas de desesperación, de querer y no poder. Esa sensación que invade mi cuerpo por la agonía, rabia, angustia por querer usar el maldito portátil con fluidez. Si señores mios, estoy hasta el escroto de mi portátil. ¿Sabéis lo que es esperar que un caracol llegue de un extremo a otro de una simple valdosa? pues mi portátil triplica o incluso cuadriplica ese recorrido. Intentar acceder a mis documentos es, digamos, lo que tardas en merendar, el tio se lo piensa. Lleva una pachorra monumental. Bueno, y eso para las carpetas, porque el abrir programas o un simple .exe que exceda de 100 mb es toda la odisea. Como la que tuvo que liar Ulises para volver a su hogar, el pobre. Da tiempo a leerse la Biblia un par de veces. Me entran unas ganas de atravesar mi puño bruscamente por la pantalla, con todo el amor del mundo oiga. Le iban a salir los píxeles negros por los cuatro costados. Es una máquina de crear rebeldia. ¿Sabéis el significado que tiene para un ser humano las heces? pues eso es mismamente mi portátil, una de las mayores heces que pueden llegar a enriquecerte a base de estrés, hasta la cola del paro o la espera del médico se hacen más amenas. Y diréis, pero a ver, señor mio, cómprate un ordenador nuevo. Claro, están que los regalan, si es que hasta tendría que ser delito tener la basura que tengo actualmente. Seguro que si intentasen hackearme el portátil no lo lograrían. Antes se mueren en la silla por la demora. Se le quitan las ganas de vivir a uno con tal elemento en el escritorio. Es levantarse y verlo, verlo ahí, al acecho de tu agonía diaria. El muy cabrón se burla de mi. Míralo, queriéndose jubilar, pero no, ni una avería el muy jodio por culo en estos 8 años. Creedme cuando os digo que debería estar dentro de las torturas chinas. Muchos de vosotr@s ni aguantariais dos minutos con él. En serio, existe el infierno, y lo vivo diariamente en mi escritorio mientras el culo se me hace pepsicola y mi cerebro se derrite cual helado un dia de verano luchando contra el calor, una batalla totalmente perdida. Aquí me despido, mientras me retuerzo de estrés, grito de agonía, me sale espuma por la boca y mis ojos se me salen de las órbitas.

Mi tormento, descripción gráfica



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